El diagnóstico que decide entre arrancar y sustituir
La diferencia entre una batería descargada y una agotada no se aprecia a simple vista, y es justo lo que determina si hace falta cambiarla. Por eso este servicio empieza siempre por medir en lugar de suponer.
Con el motor parado, una batería sana en reposo se sitúa en torno a 12,6 V; por debajo de 12,4 V está parcialmente descargada y por debajo de 12 V ha sufrido una descarga profunda que casi siempre deja secuelas permanentes. Con el motor en marcha, la tensión debe subir aproximadamente al rango de 13,8 a 14,4 V: si no lo hace, el problema no es la batería sino el sistema de carga.
La prueba de carga bajo esfuerzo
La tensión en reposo por sí sola engaña. Una batería puede marcar 12,5 V y aun así ser incapaz de entregar la corriente necesaria para mover el motor de arranque, porque su capacidad real ha caído. La prueba de carga bajo esfuerzo mide precisamente eso y es lo que permite decir con criterio si la batería aguanta otro invierno o no.
Por qué esta opción sale a cuenta
La alternativa habitual es pagar un desplazamiento para que alguien arranque el coche y, dos semanas después, otro desplazamiento para cambiar la batería que ya estaba agotada. Aquí el diagnóstico y la solución ocurren en la misma visita: si la batería aguanta, te ahorras el cambio; si no, se sustituye en el momento con la tecnología y la capacidad que corresponden al vehículo.
Qué llevamos al salir
Cuando llamas te preguntamos marca, modelo y año, y si el coche tiene Start-Stop. Con esos datos salimos ya con la batería adecuada en el vehículo, de modo que si el diagnóstico confirma que hay que sustituirla no hace falta una segunda visita.